La insigne, esplendorosa, luminosa, caritativa, servicial y acogedora ciudad de Sevilla, parecía no despertar del letargo en que durante muchos años ha estado sumida.
Esta ciudad ha padecido un parón en cuanto a sus más estrictos elementos, sin que nadie, ni siquiera el Consistorio tomaran conciencia del cambio que hacía falta para hacer que esta ciudad fuera moderna, competitiva y con vistas de futuro.
Alcalde tras alcalde siempre tuvieron buenas intenciones, y según ellos, deseos de hacer realidad lo que por fin estamos viendo los sevillanos.
La peatonalización de todo el casco histórico ha sido motivo de grandes discrepancias y críticas por parte de los comerciantes, pero ahora, una vez llevada a efecto la primera fase todos los que antes se oponían, se congratulan del bien que dicho evento les está aportando a sus negocios.
Si efectivamente se llevara a cabo la totalidad de los proyectos que hay sobre la mesa, daría gusto pasear desde Plaza Nueva, admirando por esa Avenida de la Constitución, edificios tan emblemáticos como la Catedral, Archivo de Indias, Correros y el Coliseo, pasando de la Torre de la Plata a la Torre del Oro y a orillas del Guadalquivir.
El Ayuntamiento de Sevilla trabaja en un ambicioso proyecto, que es mayor incluso que el de sus posibilidades, para remodelar por completo la actual fisonomía del Paseo de Colón, uno de los principales ejes viarios de la ronda histórica. Este embrión de proyecto tiene, sin embargo, una potencialidad política evidente, ya que supondría para el Gobierno local consolidar de manera definitiva la política de peatonalización emprendida durante el pasado mandato municipal, en determinados enclaves del centro de la ciudad.
El plan de crear una Sevilla menos contaminada, va a conseguir que los ciudadanos del casco antiguo logren hacer lo que hasta ahora parecía un imposible: aparcar sus coches en un parking subterráneo a seguro de cacos e improvisados ‘bobis’ que, a pesar de existir ya unos hermosos parquímetros, insisten para llenar de calderilla sus bolsillos.
¿Caminar por delante de la Maestranza y al lado del Guadalquivir, simplemente admirando Triana y su calle Betis desde el otro lado del río, es posible sin temer que te atropelle un gigante autobús de dos plantas traído de Londres y abarrotado de turistas que, rojos como tomates, admiran la belleza de mi Sevilla natal que yo descubrí desde que era una niña?
Pues parece ser que si, que los sevillanos, acompañados por los guiris que derriten sus sandalias caminando por aquí, tenemos también derecho a pasear por nuestra ciudad, y aprender a ver, lo que constantemente miramos y darnos cuenta que Sevilla por sí sola ya es muy grande.
Pero lo cortés no quita lo valiente, y como todo en la vida pagan justos por pecadores, que tu disfrutas paseando por aquí ¡si!, pero ahora cuando vengas con tu coche ya no verás la luz del sol hasta Reyes Católicos, pasando por el túnel que se pretende construir bajo esta zona peatonal. Pero echémosle una mirada positiva, ¡no habrá semáforos!.